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lunes, 7 de junio de 2010

LA VIDA COTIDIANA

La vida en el período colonial estaba profundamente marcada por las fiestas, ritos religiosos y civiles que sucedían a lo largo del año, los que reforzaban el sistema de creencias, organizaban a la población en torno a grupos identitarios y contribuían a reforzar la ideología social de la sociedad colonial.

Las fiestas religiosas llegaban a las más de 90 por año, las cuales conformaban un nutrido calendario en la vida social. En las fiestas religiosas cada uno de los grupos que conformaban la sociedad colonial cumplía un papel en el espectáculo público, ya sea a través de las ceremonias oficiales, cuya dirección estaba reservada a la elite, o a través del sistema de cofradías, las que identificaban visiblemente a cada uno de los sectores sociales.

"Las fiestas, las diversiones, los juegos, en una palabra, lo lúdico, ayudaron a sobrellevar las extenuantes cargas, que la sociedad le había asignado por fuerza”.

Las celebraciones públicas por el acceso al trono de un nuevo monarca, el nacimiento de un heredero real o la recepción de las autoridades coloniales llegadas a Chile eran anunciadas a los súbditos a través de reales cédulas donde se les ordenaba realizar las ceremonias y demostraciones de alegría y fidelidad correspondientes, conformando un conjunto de fiestas que servían como medio para reafirmar los vínculos de fidelidad entre la comunidad y la monarquía española.

Los centros de reunión, como los bares o las pulperías, en que se juntaba la gente a pasar el rato sirvieron de ambiente ideal para el desarrollo de los juegos de suerte y envite, a estos correspondían las cartas, los dados, las rifas y otros juegos de azar que con el tiempo se transformaron en un vicio irresistible en toda América.

En las festividades públicas realizadas en las plazas, principalmente la Plaza de Armas, se destacaban diversos elementos escénicos, tales como el paseo público del estandarte real, la creación de escenografías realizadas para la ocasión, procesiones, ceremonias, torneos, banquetes, obras de teatro, corridas de toro y juegos como el palo ensebado, la cucaña napolitana, la sortija y de envite como la lotería, juego público chileno, congregando a grandes cantidades de personas que tenían interés en saber sus resultados.

Pero todas las celebraciones siempre coincidían en un mismo elemento; la música, el baile, la comida y la bebida.

La música y el baile eran utilizados principalmente en las celebraciones espirituales expresados a través de cantos gregorianos entonados por sacerdotes y soldados; en cambio la música “de ocasión” se caracterizaba por la improvisación.

Uno de los cantos predilectos en la época colonial eran los Villancicos con el objeto de ser cantados durante la Pascua, en los nacimientos y pesebres, fiestas que generalmente eran populares.

El baile corresponde a uno de los elementos más variados y adaptables según sea su objetivo. En las celebraciones religiosas el baile procesional cumplía un papel fundamental ya que representaban los saludos a la Virgen.

Otra de las danzas ceremoniales de inspiración hispánica fue la danza de la Tarasca y de la de los Gigantones; aunque existían bailes que sólo tenían como objetivo la diversión y era realizados en las chinganas y remadas.

La comida fue primordial en todas las celebraciones ya que estos daban calidez y ceremonia a todos los encuentros sociales. En cualquier diversión programada la gente se recreaba con un refresco, dulces y licores convirtiéndose así en una constante en los festejos.

En las chinganas y las ramadas el pueblo aprovechaba de comer sus guisos favoritos, carne asada al palo, las guatitas o caldillos carbonadas. Y en las tertulias jugaba un papel principal al momento en que las anfitrionas se lucían con sus invitados ofreciendo las delicias de los dulces o platos ricamente preparados.

La bebida la encontramos en todas las celebraciones y tipos de fiestas como las chinganas o pulperías. Aquí se tomaba el mate, la chicha y el vino, el cual era infaltable en los banquetes y festejos donde era muy reconocido y alagado.

Principales juegos en la colonia

En esta siglo o tiempo se realizan una gran cantidad de tradiciones en los distintos tipos de juegos de la Colonia en Chile. Varios de estos juegos se practicaban en caballos , que era lo que se acostumbraba a usar en la época. En estos juegos, se le suman otra gran cantidad que eran:

Las peleas de gallos, los cuales se realizaban en lugares especiales para eso, llamados “reñideros”.

Este tipo de juegos convocaban a una gran cantidad de publico. La unión de hispano-indígena e hispano-chileno queda en descubierto gracias a la practica de los distintos tipos de juegos que se practicaban.

Algunos de los juegos que practicaban eran de los mapuches y entre ellos están: la chueca, la taba, también otros. Los cuales se juegan o recuerdan ahora generalmente en las fiestas patrias.

La rayuela: consiste en lanzar, desde cierta distancia un tejo sobre una cancha de más o menos un metro cuadrado de diámetro, con una marca central, la idea es acertarle a la marca.




La rana: consiste en acertar una ficha o moneda en la boca de una rana hecha de metal de tamaño aproximado al real.




Carrera a la chilena: este juego es principalmente de diversión para adultos. En octubre de 1556, el Cabildo dispuso que el día de San Andrés se hiciese un rodeo en la plaza pública. Después los caballos llenaron la vida deportiva. Las carreras de a caballo con apuestas constituían las delicias de los españoles.

La chueca: es de origen mapuche. Consistía en formar dos equipos con veinte jugadores y en cada equipo todos los jugadores tenían un palo con una de las puntas arqueadas. Los dos equipos peleaban por una pelota hecha de madera, que debía estar en el campo del adversario

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El emboque: la manera correcta de jugarlo es tomar el palito de forma vertical con una mano, de manera que el emboque quede colgando. El emboque tiene que ser lanzado al aire. La idea es que el madero logre entrar al agujero

Palo encebado: en la punta del palo se ponen distintos y variados premios, que deben ser tomados -al menos uno- por el participante. Como era tan difícil el trepar al palo, la técnica está en dejar que los primeros hicieren el intento para que con el tiempo se fuese limpiando la grasa.

El Trompo: después de haber enrollado todo el hilo, el trompo es lanzado con fuerza y técnica para hacerlo girar y girar. Mientras gira los competidores pueden hacer una serie de trucos.

El volantín: las competencias de volantines consisten básicamente en hacer caer a mi oponente o cortar el hilo que lo sostiene.

domingo, 6 de junio de 2010

Sociedad en el S.XVIII

Presencia de mestizos, mulatos(español con africano) y zambos(indígenas con africanos). Con el definitivo asentamiento de los españoles, la población aumentó rápidamente lo que marcó una clara jerarquía poblacional.

La encomienda fue reemplazada por la contratación de inquilinos y peones a sueldo.

  1. La aristocracia en Chile: Los criollos se hacían cargo de la economía en Chile a pesar de que no ocupaban altos cargos. Cuando llegaron los vascos a América se mezclaron con la aristocracia y formaron el grupo castellano-vasca que serían los que llevarían el poder político, económico y social de los S. XVIII y XIX .


Durante el S. XVIII comenzó a crearse una cierta inquietud en los criollos, ya que no estaban siendo considerados por el poder español.

2. Un nuevo espacio de sociabilidad: La sociedad colonial estuvo muy ligada a los dictámenes de la Iglesia en todos los ámbitos:

En el ámbito público, el calendario litúrgico establecía las épocas del año, las fechas religiosas: Corpus Christi, Apóstol Santiago, Semana Santa, el Señor de mayo.

En el ámbito privado, matrimonio "Manual para el buen morir"(acciones y rezos previos a la muerte).

Educación: estuvo en manos de los Jesuítas (1593), fundaron numerosos colegios, desde La Serena a Chiloé (hasta que Carlos III los expulsó en 1767).

FUNDACIÓN DE CIUDADES

Llegan los Borbones al trono español, los objetivos de su política fueron:
  • Concentrar a la población en centros urbanos y acabar con el mundo rural.
  • Misión evangelizadora, ideas ilustradas
  • Acabar con la pobreza, marginalidad, vagabundaje, delincuencia, etc.
  • Concentrar justicia y administración en un lugar determinado.

En el norte chico, las minas hicieron que se poblaran ciudades como Copiapó, Illapel, La Ligua y Petorca. En la región de predominio agrícola se fundó San José de Maipo y las minas de oro en la costa hizo que se fundara San Jerónimo de Alhué. En el Valle Central, ricas tierras agrícolas y la cantidad de campesinos surgió Quillota, San Felipe, Melipilla, Rancagua, San Fernando, Curicó, Linares, Parral, Quirihue, Coelemu.

Para poblar estas ciudades fue necesario traer población de otros lugares.

LA HACIENDA



Pilar y símbolo de una estructura social estamental

Durante siglos la hacienda fue uno de los pilares fundamentales en los que descansó la estructura social chilena. El orden jerárquico imperante en el campo, con los patrones, mayordomos, inquilinos y peones, reflejó de manera patente el ordenamiento semiestamental que caracterizó a nuestro país durante los siglos XVII, XVIII, XIX e incluso durante parte del siglo XX. De orígenes coloniales, la hacienda alcanzó su máximo esplendor a mediados del siglo XIX, cuando el descubrimiento de oro en California y Australia abrió nuevos mercados a la deprimida agricultura nacional. Sin embargo, por esos años la exportación de trigo duró poco, debido a la baja tecnología utilizada y a la competencia de otros productores en el mercado mundial. Aunque la apertura del mercado inglés a mediados de la década de 1860 abrió nuevas oportunidades a la exportación cerealera, el cierre definitivo del ciclo triguero tuvo lugar diez años después, cuando a los productores nacionales se les hizo imposible competir en los mercados mundiales. La expansión cerealera tuvo un impacto decisivo en la creación de una infraestructura productiva, como canales de regadío y caminos y en la división de los grandes latifundios en haciendas más pequeñas y manejables. Asimismo, se introdujo maquinaria en ciertas faenas como la trilla, aunque no se produjo una modernización masiva de la agricultura. Tras la Guerra del Pacífico, la incorporación de la región salitrera a la economía nacional y el rápido crecimiento de los centros urbanos de Valparaíso y Santiago generaron nuevos mercados para la agricultura. Sin embargo, los desarrollos regionales fueron bastante dispares como lo demuestran las distintas fuentes disponibles. Algunas zonas se modernizaron, en especial en los valles cercanos a la capital, pero la gran mayoría siguió utilizando la tecnología y los sistemas laborales tradicionales. En la zona sur, la conquista definitiva de la Araucanía incorporó una excelente zona cerealera con predominio de latifundios, que en muchos casos se construyeron sobre la expropiación de tierras indígenas y la absorción de las propiedades de pequeños colonos mestizos. La gran brecha en la modernización de las haciendas se produjo a causa del manejo que de sus propiedades hicieron gran parte de los hacendados. Por una parte, los dueños de las tierras obtuvieron innumerables créditos hipotecarios cuyos intereses se esfumaron al devaluarse la moneda; por otra, los terratenientes extendieron el sistema de inquilinaje, lo cual les permitió bajar los costos monetarios, pagando a sus trabajadores estables, no en dinero, sino en regalías. Asimismo, era necesario asegurar la continuidad del sistema social tradicional en las haciendas, ya que constituían la base del apoyo electoral para el propietario y señor. Las masas de peones y vagabundos que deambularon por los campos, si bien representaron mano de obra barata para los hacendados, fueron vistos como extraños que escaparon al control que ejercía la hacienda sobre la vida rural y que fácilmente podían caer en el bandidaje. La situación de la agricultura a principios del siglo XX era, desde el punto de vista tecnológico y productivo, bastante dispar. Había, sin embargo, una tendencia global a reforzar los lazos de inquilinaje frente a la progresiva migración campo-ciudad. De este modo la hacienda escapó nuevamente del proceso de modernización que vivía el país, quedando como un enclave de la sociedad tradicional que se negó a desaparecer, lo cual desató una fuerte crítica social entre quienes plantearon la necesidad de modernizar el manejo económico de las haciendas y fundamentalmente los sistemas de mano de obra. De todas maneras, hasta la década de 1960 el mundo rural fue no sólo el bastión de los partidos conservadores sino un símbolo del apego de las elites tradicionales al dominio que, por siglos, habían ejercido sobre el país.

La vida en el campo




REFORMAS CENTRALIZADORAS Y MODERNIZANTES


"El Estado soy yo". La conocida sentencia de Luis XIV de Francia resume en pocas palabras la esencia del absolutismo: un régimen político en el que una persona, el soberano, ejerce el poder con carácter absoluto, sin límites jurídicos ni de ninguna otra naturaleza. Resulta totalmente artificial oponer los tumultos de la Reforma a la soberana majestad del "siglo de Luis XIV".Bajo diversas formas, el absolutismo ha sido la forma de gobierno de muchos países en distintas épocas. Sin embargo, se ha reservado dicho término para designar, en un sentido específico, el ejercicio del poder en un momento histórico y espacial concreto: el de las monarquías absolutas europeas de los siglos XVI al XVIII. Muchos autores distinguen un primer período, correspondiente al siglo XVI, de monarquía autoritaria, que no llegaría a ser plenamente absoluta hasta mediados de la centuria siguiente. El siglo XVI, es un siglo innovador, lo es también en el campo de las ideas políticas. La Europa de comienzos del siglo XVI es un mosaico de cuerpos políticos muy diferentes. Junto a reinos diversamente organizados, pero ya sólidamente implantados en su independencia nacional, existen repúblicas urbanas y señoríos nacidos en torno a una ciudad, así como principados laicos o eclesiásticos, cuya autonomía es tan efectiva en Alemania como en la Italia desembarazada de la ficción misma del poder imperial. El siglo XVII es un siglo de crisis. Crisis económicas, políticas, guerras desórdenes de los Países Bajos, religiosas y crisis intelectuales. En vinculación con el progreso del poder real en ciertos Estados, se elabora una doctrina -la del absolutismo- que se define como una soberanía monárquica sin límites y sin control, que no reconoce a los súbditos más que el deber de obedecer. El absolutismo sale aparentemente reforzado de estas crisis. El siglo XVII se nos muestra así como el apogeo del absolutismo; pero es un absolutismo precario, híbrido y en vías de ser rebasado. Precario, ya que las causas que favorecen temporalmente el absolutismo tienen que provocar, a más o menos plazo, su disolución Híbrido, porque el absolutismo del siglo XVII hace descansar la noción de soberanía simultáneamente sobre los elementos tradicionales (los deberes del monarca, el contrato, la costumbre, las leyes fundamentales del reino) y sobre elementos nuevos ( mercantilismo y utilitarismo).Anacrónico, ya que, aunque el absolutismo reine, no sin luchas, en la mayor parte de Europa, se derrumba en el país más ampliamente abierto el capitalismo moderno: Inglaterra. Por otro lado, la política permanece ideológicamente en la dependencia de la religión cristiana. Y, sobre todo, el equilibrio de las fuerzas sociales, las condiciones materiales y el estado de las técnicas oponen tales obstáculos a la instauración de un poder realmente concentrado, que las tesis absolutistas, susceptibles por lo demás de interpretaciones ampliamente divergentes, encuentran vivísimas oposiciones. Es preciso señalar, además, que los conflictos mezclan siempre las cuestiones religiosas con las cuestiones políticas. Hemos de ver como las expresiones del absolutismo reflejan una secularización del pensamiento político cuyos orígenes aparecen ya en la Edad Media. El absolutismo se concibió principalmente como la negación del feudalismo. La monarquía absoluta continúa estando limitada por la ley divina y la ley natural, y el que se oponga a la dispersión feudal no significa despotismo y tiranía. El carácter nacional de las monarquías se afirma claramente en Francia e Inglaterra. Este proceso de centralización se cumple bajo el signo del absolutismo. El desconocimiento de la autoridad religiosa del sucesor de Pedro, el Romano Pontífice, mueve a reyes y príncipes a asumir atribuciones religiosas. Los límites derivados de la distinción entre lo que es de Dios y lo que pertenece al César comienzan a esfumarse, generando abusos y despotismo. Tales tendencias son manifiestas en la primera etapa del protestantismo. Pero también en monarquías católicas como las de Francia y España aparecen corrientes que llevan en embrión desviaciones cesaron a pistas. El Concordarte de Bolonia (1516) otorga a los reyes de Francia el derecho de "presentación" de obispos y abades. Y en España los Reyes Católicos y luego Carlos V obtienen el reconocimiento del Real Patronato.

Llegan gobernadores preparados

Durante este siglo la mayoría de los gobernadores fueron funcionarios que, al contrario del período anterior, se destacaron por su profesionalismo y su alto nivel técnico. Fueron el producto del siglo en que les tocó vivir, ya que esta centuria se destacó por el gran desarrollo científico y tecnológico.